martes, 18 de junio de 2013

Carta de Lincoln al profesor de su hijo (1830)

Ayer vi en el blog de Erikenea.org (que por cierto os recomiendo seguir) una entrada que tiene por título "Carta de Lincoln al profesor de su hijo". La leí, me encantó y he querido compartirla con vosotros. Espero que valoréis las palabras al igual que yo. Esto nos hace pensar que aunque han pasado más de 150 años desde estas palabras, las cosas a las que aspiramos no son tan diferentes, ¿no?
Os dejo con la transcripción de la imagen de la carta.


Estimado profesor: Él tiene que aprender que no todos los hombres son justos, no todos son verdaderos, pero por favor decirle que para cada villano hay un héroe, que para cada egoísta también hay un líder dedicado.
Enséñele que para cada enemigo, allí también habrá un amigo. Enséñele que es mejor obtener una moneda ganada con el sudor de su frente que una moneda robada.
Enséñele a perder, pero también para aprender a disfrutar de la victoria, háblalo de la envidia y sácalo de ella, dale a conocer la profunda alegría de la sonrisa silenciosa, y a maravillarse con los libros, pero deja que el aprenda con el cielo, las flores en el campo, las montañas y los valles.
En las bromas con amigos, explíquele que más vale una derrota honrosa que una victoria vergonzosa.
Enséñele a creer en sí mismo, incluso si está solo frente a todo el mundo. Enséñele a ser suave con los gentiles y ser duro con los duros, enséñele a nunca entrar en un tren, sólo porque otros entraron.
Enséñele a escuchar a todos, pero en la hora de la verdad, decidir solo, enséñele a reír cuando esté triste y explíquele que a veces los hombres también lloran.
Enséñele a ignorar las multitudes que claman sangre y a luchar solo contra todo el mundo, si piensa que es justo.
Trátelo bien, pero no lo mime, ya que sólo en la prueba de fuego se sabe que el acero es real. Déjelo tener el coraje de ser impaciente y a tener coraje con paciencia.
Trasmítale una fe sublime al creador y fe también en sí mismo, porque sólo entonces puede tener fe en los hombres.

Sé que pido mucho, pero vea lo que puede hacer, querido profesor.

Abraham Lincoln, 1830

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